Existe un renovado interés por el papel que tienen las actividades agropecuarias sobre el proceso de desarrollo regional y la implementación de mecanismos que permitan atacar las causas estructurales que han impedido su avance. Para enfrentar estas causas, se requiere de un nuevo pensamiento, formas diferentes de relación entre los actores, una mayor inclusión de los segmentos productivos menos favorecidos, una participación más amplia de la sociedad civil, definición de un nuevo rol para el sector público y privado, y una nueva gobernabilidad.
